Estoy felizmente casado, pero también me gusta
ver una buena polla. Intenté confesarle a mi mujer un par de veces que soy
bisexual, pero ella siempre cambia de tema cuándo le intento decir que una
buena erección me puede poner a tono. Aunque nunca había estado con otro
hombre, porque estaba seguro de mi matrimonio, estaba listo para explorar
completamente mi sexualidad
Mientras mi mujer estaba de viaje de negocios,
decidí ver cómo era la vida nocturna de mi ciudad. Por casualidad me encontré
con antiguo amigo del instituto, Alberto. Después de ponernos al día en la
barra de un bar, decidí invitarle a casa, para charlar más tranquilamente.
Una vez allí, nuestra conversación giró en torno
a lo que habíamos hecho los últimos días y a nuestras hazañas sexuales. Así,
recordamos como un amigo había ‘engañado’ a Alberto para follar con él; como
estaba avergonzado por ello (y yo bastante borracho) decidí mentirle y decirle
que había estado con chicos cuándo tenía 18. Sorprendido y a la vez interesado,
Alberto me preguntó por mis aventuras homosexuales.
Empecé a relatarle las fantasías que había
tenido, como si realmente hubieran ocurrido. Al principio poco a poco y sin
detalle, sin embargo, visto el interés de mi amigo, dejé de lado mis
inhibiciones. A medida que mis historias se volvieron más creativos, comencé a
ofrecer detalles muy gráficos sobre mis hazañas gay. Pude ver a Alberto luchando
por permanecer indiferente. Pude ver en sus ojos que le gustaba hablar acerca
de tener relaciones sexuales entre hombres. Mi polla palpitaba y mi boca se
hizo agua aún sin sabes todo lo que íbamos a compartir esa noche.
No podía apartar mis ojos el bulto cada vez más
sexy en pantalones de Alberto. Mis historias inventadas y mi polla cada vez más
grande fueron revelando todos mis secretos sexuales. Pude ver por la hinchazón
en sus vaqueros que Alberto tenía algunos secretos para compartir. Yo ardía en
deseo recordando la polla de Alberto, cuándo la veía en el instituto en clase
de gimnasia. Incluso cuando estaba flácida, Alberto la tenía más grande que la
mayoría y yo quería ser la persona se la pusiera dura,
Alberto comenzó a contar su propia historia y yo
no paraba de imaginármelo la siguiente mañana acostado en mi cama. Esa noche
Alberto tenía que ser solo para mi (aunque él había estado con muchas mujeres).
Me imaginaba a los dos gritando tan fuerte que los vecinos supieran que había dos
chicos follando al lado, lo que me ponía aún más cachondo.
Para que las cosas fueran por dónde yo quería
tenía que romper un poco más el hielo, por lo que le sugerí ver algo de porno
en internet. Empecé con los sitios que ofrecían 3 opciones: gay, hetero y
trans. Al principio entró en trans, pero luego se fue a gay. Fue entonces
cuando le dije que no podía aguantar más y abrí la cremallera de mis pantalones
para liberar mi furia. Empecé a acariciarme. Alberto, siguiendo mi ejemplo bajo
sus pantalones, dejando a la vista sus 20 cm de polla balanceándose delante de
mí.
Entré en uno de mis vídeos gay favoritos, donde
se veía a un chico hacer una garganta profunda, hasta que acababa corriéndose
en su boca. Le pregunté si él era capaz de hacer una garganta profunda, pues yo
nunca había sido capaz en mi juventud, a lo que él, tímidamente me respondió: ¿Quieres
probar con la mía?
Antes de que pudiera cambiar de opinión, agarré su enorme polla con mi mano
derecha y empecé a lamerle el líquido preseminal con la punta de mi lengua. De
inmediato se estremeció y arqueó la espalda con intención de correrse. Me alejé
porque no quería que se viniera tan rápido. Había esperado años para conseguir
un sabor de la polla y Alberto sería la primera.
Entonces, cogí sus bolas con la mano izquierda y
separé mis labios para menter en ellos su miembro bellamente esculpido. Alberto
se quedó muy quieto mientras anticipó lo que estaba a punto de intentar. La
cabeza de su polla se deslizó por mi lengua. Aspiré el aroma más delicioso que jamás
había probado: la esencia dulce y salado que había soñado durante años. Soltó
más líquido preseminal haciendo que mi propia polla palpitara en respuesta a su
líquido salado que recubría mi boca. Mis labios pudieron sentir su pulso de
carreras a través de toda su polla, ya que estiró los límites de mi garganta. Empezaba
a sentir náuseas, mientras el gritaba: ‘¡Oh Dios mío, no te detengas ahora.
Necesito que termines lo que empezaste! ¡No me dejes esperando de esta forma!’ Sentí
como se calmaban las náuseas calmarse. Continué tragando toda su verga
sintiendo cada golpe en mi garganta. Alberto no pudo aguantarse más y se corrió
mientras le hacía la mamada, dejándome la garganta llena de semen. Tenía Alberto
donde quería en todos los sentidos de la palabra. Me detuve el tiempo
suficiente para decir: ‘Dios me encanta el sabor de la polla que rezuma semen
en mi boca’. Estaba tan excitado que aunque hubiera entrado mi esposa en aquel
momento, no me habría detenido.
De repente, todo cambió, ahora era Alberto quién
me estaba comiendo la polla. Movía su lengua suavemente a lo largo de mi polla.
Él continuó aumentando la velocidad. Pronto, mi polla empujaba más adentro de
lo que pudiera haber llegado con los dedos. Parecía imposible tuviera mi polla
en su boca, si él podría estar con la mujer que quisiese. Nos pusimos en posición
69, y comencé a saborear sus bolas mientras su pelo púbico me hacía cosquillas
en los labios. Nuestros dedos se clavaron en las nalgas del otro, ya que ambos
llegamos juntos. Entonces empezó a salir esperma por ambas pollas, y el único
camino que podía seguir eran nuestras gargantas. Con nuestras bocas llenas de lefa
nos besamos y nos fuimos a dar una ducha juntos. Estás sería la primera de
muchas otras.